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| ¿Inteligencia
artificial (IA) o razonamiento simulado?
por Hugo Montes Skertchly;Francisco J. Alvarez Rodríguez |
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Resumen: El presente trabajo muestra un análisis desde el punto de vista filosófico sobre la posibilidad de la inteligencia artificial.
En realidad, la salida a escena de la SGAE es un movimiento perfectamente calculado en una compleja partida monopolista que ocupa a la industria del disco desde hace años. No es paranoia. Por mucho que algunos músicos se quejen de que ya no tienen ni para pollo frito, lo que realmente está en juego en la guerra del copyright son las nuevas posibilidades de multiplicar las ganancias de la industria del disco gracias a la mercantilización de Internet y la desfiguración del derecho de autor tradicional. No es ya sólo que Sony se esté forrando vendiéndonos tanto los CDs originales como las grabadoras, los CD-R y los reproductores de MP3 sino que, pese a lo que se dice, nunca los derechos de autor habían estado tan protegidos a despecho del interés público. Así, el 20 de mayo -apenas una semana después del "Día sin música" convocado por la Asociación Fonográfica y Videográfica Española- entra en vigor el tratado firmado en 1996 por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), una legislación que da un giro profundamente represivo a la situación precedente. Tampoco es casual que la SGAE haga de vocero de la Mesa Antipiratería -un lobby dirigido por las cinco multinacionales del sector con el aliño nacional de PRISA-, se trata de una inteligente estrategia dirigida a confundir a la opinión pública identificando dos asuntos tan distintos como son la protección de la inversión y la defensa de la propiedad intelectual. En otras palabras, Ramoncín y los suyos pretenden hacernos creer que fotocopiar un libro es lo mismo que plagiarlo. Se trata de una estrategia dirigida a desprestigiar la libre circulación de ideas: de golpe la difusión generalizada de información adquiere el perverso aroma a plagio que últimamente acompaña la producción artística de los intelectuales orgánicos del PP. ¿De verdad existe la propiedad intelectual? En cierta ocasión, un antiguo alumno de una universidad galesa con un convenio de intercambio con Tailandia me contó cómo los estudiantes extranjeros tenían que pasar a su llegada por un curso de adaptación dedicado prácticamente en exclusiva a explicar los mecanismos bibliográficos de cita y referencia. Al parecer los estudiantes tailandeses se mostraban perplejos ante la curiosa costumbre occidental de atribuir a alguien la propiedad de una idea. Igualmente, hace ya algunos años Sherrie Levine, una artista muy influyente, obtuvo un gran éxito con una exposición que consistía sencillamente en fotos de fotografías clásicas. La crítica consideró unánimemente que su obra tenía una gran... originalidad. Creo que ambas historias sacan a la luz que, para desgracia de la industria del copyright, ni la "propiedad" intelectual puede ser una mercancía como las demás ni el derecho de autor se parece en nada a una patente. Según la ideología dominante, la concesión del monopolio en la explotación de ciertos desarrollos tecnológicos (o sea, de una patente) se justifica en virtud del supuesto incentivo a la competencia -y así a la innovación- que conlleva. La idea de que algo parecido sucede con la creación artística resulta sencillamente ridícula. Es obvio que la renovación artística no se rige por la idea de la superación del competidor por medio de una innovación tecnológica objetiva. Más bien ocurre al contrario, como ha explicado Hobsbawm con gran precisión, la creación artística está íntimamente ligada a la comprensión, repetición y reelaboración de tradiciones muy diversas. La tentación cripto-romántica de romper con todo, de lograr la creación ex nihilo es un patético lugar común con el que los más estúpidos artistas plásticos se empeñan en mortificarnos periódicamente desde hace más de un siglo. En cambio, los músicos siempre han sido algo más inteligentes. En la música popular contemporánea -que a fin de cuentas no deja de ser música tradicional- el concepto de novedad es sencillamente relativo. Las estructuras del rock, del pop o de la música electrónica son tremendamente rígidas. De hecho, quienes detestan el punk suelen afirmar con pleno convencimiento que todas las canciones son iguales y lo mismo les ocurre a quienes odian el tecno o el jazz. Todo el mundo entiende que sería absurdo que Robert Jhonson hubiera tratado de patentar la escala pentatónica o que Lee Perry reclamara la propiedad intelectual del dub. Así, cuando reconocemos a alguien la autoría de una canción de rock (o de flamenco) a pesar de que ha sido realizada con unas pocas notas que literalmente ya han sido recorridas miles de veces (¿cuántas veces se ha compuesto "Louie-louie"?) lo que queremos decir es que se ha sabido manejar bien con los elementos fijos de una tradición, que ha sabido resolver alguna clase de problema con los escasos elementos de los que disponía. Eso mismo es lo que ocurre en filosofía donde, en rigor, apenas hay descubrimientos. Durante los últimos 2500 años se ha reelaborado cientos de veces la tensión entre realismo y nominalismo, el debate entre idealismo y empirismo o la refutación del escepticismo. ¿Para que sirve el derecho de autor? Originariamente la restricción sobre la libertad individual que suponía el derecho de autor se aceptó por sus efectos sociales benéficos. Se consideraba necesario premiar a los empresarios con el monopolio de la explotación de una propiedad intelectual a fin de asegurar su distribución generalizada, ya que se requería una gran cantidad de dinero para obtener una primera copia (por eso la izquierda ha insistido tradicionalmente en la creación de medios de comunicación estatales). En palabras de Richard Stallman: "El sistema de copyright creció con la imprenta, una tecnología para la producción masiva de copias. El copyright se ajustaba bien a esta tecnología puesto que era restrictiva sólo para los productores masivos de copias. No privaba de libertad a los lectores de libros. Un lector cualquiera que no poseyera una imprenta sólo podía copiar libros con tinta y pluma, y a pocos lectores se les ponía un pleito por ello". Ahora la tecnología ha cambiado y los mismos beneficios sociales se pueden obtener sin conceder ningún monopolio del copiado pero, paradójicamente, las leyes sobre copyright no han dejado de endurecerse. En efecto, la industria trata de que el abaratamiento de la reproducción (una ventaja social) se entiendan legalmente como un encarecimiento, como una desventaja. En su opinión las leyes deben atender a sus intereses privados y no al interés general determinado por las posibilidades tecnológicas actuales. De hecho, un medio tan poco sospechosos de estar contaminado por agentes del comunismo como el Wall Street Journal afirmaba en 2000: "Las industrias del copyright son los telares manuales del siglo XXI". En realidad, se trata de un asunto estrictamente simétrico al del paro. Al tiempo que la revolución tecnológica aumenta sin cesar el ejército de reserva de mano de obra, políticos de todos los signos mienten de mala manera asegurando disponer de soluciones mágicas para el problema del paro. Lo que nadie parece dispuesto a cuestionarse es qué proceso demencial ha llegado a convertir el "paro" en un problema. Durante milenios los hombres se han desesperado por la cantidad de trabajo al que tenían que hacer frente para sobrevivir. Cuando por fin parece que podríamos tomarnos un descanso alguien decide que los beneficios sociales potenciales de la revolución industrial deben estar condicionados al beneficio individual de unos pocos. La diferencia, obviamente, es que mientras para cambiar las tornas en lo que toca al paro hace falta una revolución, para cambiar las cosas en el mundo de la música sólo se necesita un CD-R. Pero, ¿no había excepciones al derecho de autor? Aquella estampa de un lúgubre laboratorio en el ático de un viejo castillo de piedra. Es una sala amplia, llena de aparatos de cuando comenzó la electricidad. En una cama se encuentra un hombre grande recostado, todos sus miembros han sido unidos mediante cirugía y así lo hacen ver las cicatrices en las muñecas. Se observa una larga cicatriz que recorre toda la frente: también el cráneo ha sido implantado después. En cada sien tiene un electrodo conectado a un aparato por medio de cables. Completa la escena una tarde gris, nublada y tormentosa. A los pies de la cama se encuentra un hombre de quien se deduce su condición de médico por la bata blanca que porta. Su mirada es de tediosa espera, inquieta. Afuera truenan los rayos que han caído incesantemente desde que comenzamos a ver este extraño laboratorio, por fin un rayo truena con mayor estrépito y el rostro antes sombrío del doctor se ilumina con una macabra mueca de satisfacción. La escena termina cuando vemos cómo la vigorosa potencia de aquél rayo va descendiendo por los cables hasta llegar a los electrodos en las sienes del hombre recostado en el camastro, nos vemos sobrecogidos cuando el hombre abre los ojos y se incorpora mientras se escucha la ya legendaria carcajada tétrica del doctor... Más tarde escucharemos al doctor decir apesadumbrado "He creado un monstruo". ¿Inteligencia artificial (IA) o razonamiento simulado? ¿Podría suceder que en años próximos escucháramos decir este mismo "He creado un monstruo" a alguno de los científicos que experimentan en la actualidad con IA (Inteligencia Artificial)? ¿No es peligroso adentrarse en un campo tan delicado como elevar una máquina al nivel del hombre? Si hacemos un análisis desapasionado sobre este campo, nos daremos cuenta que estos temores son más bien infundados. Ya que, contrastando con esta visión a blanco y negro que nos evoca al cine de inicios del siglo pasado, existe una corriente seria de pensamiento que nada tienen que ver con las extravagancias a las que Hollywood nos tiene acostumbrados. Desde los ya clásicos androides de Star Wars hasta la moderna versión Matrix de un programa inteligente, nos hemos acostumbrado a pensar en IA como un producto de la ciencia ficción. Esta visión futurista no concuerda con los investigadores serios en el campo de la IA. Existe mucha desinformación en torno a este campo y posiblemente esta sea la causa del escepticismo en algunos sectores. Lo que se intenta hacer en este trabajo es dar un poco de luz y abrir una nueva perspectiva en torno a la así llamada IA. La tecnología va avanzando a grandes pasos y puede llevarnos a plantearnos la posibilidad de crear máquinas capaces de pensar. ¿Es esto realmente posible? La respuesta es ciertamente bastante complicada, comenzando porque históricamente ha sido complicado incluso definir a nivel teórico lo que es la inteligencia. Además, en el campo de la IA confluyen diversas disciplinas o ciencias: filosofía, software, hardware y las neurociencias. La filosofía ha intentado definir lo que es la inteligencia pero no se puede decir que la respuesta sea unánime. Las neurociencias se encuentran con nuevos campos de investigación, y si bien en los últimos años se ha desarrollado más este campo, no se puede decir que sepamos a nivel fisiológico exactamente qué es lo que causa la inteligencia, en el caso de que la causa de la inteligencia se encuentre en el cerebro. El software y el hardware han tenido también avances notables en estos campos, sin embargo no se puede negar que estos avances, en el campo de la IA, están muy ligados a los avances y descubrimientos en los campos de la neurofisiología o a los nuevos planteamientos en el campo de la filosofía (por ejemplo de las ciencias cognitivas). Para contestar a la pregunta ¿Seremos capaces de crear inteligencia artificial? Es necesario plantearse primero las preguntas ¿Qué es la inteligencia? ¿Qué es lo que queremos crear artificialmente? La filosofía ha intentado responder a esta pregunta sin que se haya llegado a un consenso. De hecho, podemos decir que el debate en el campo filosófico difícilmente puede llegar a consensos, dado que existen corrientes filosóficas sumamente encontradas o divergentes. Pero no por ello se debe llegar a la conclusión de que no se puede avanzar en el campo de la definición de inteligencia. La inteligencia es algo concreto y real que existe y por ello debemos ser capaces de describir lo que la inteligencia es. Aunque podemos decir que quienes trabajan en torno a la IA no son filósofos sino más bien científicos del campo de las ciencias de la computación, prácticamente todos los estudios sobre IA parten del supuesto filosófico del mecanicismo. Esto se puede deber más bien a que en la cultura científica actual, el mecanicismo y positivismo están ampliamente difundidos. ¿Qué sucede si planteamos sólidamente la posibilidad de otro supuesto filosófico? Esta es la nueva perspectiva que se quiere presentar para suscitar una debate en torno a su pertinencia. El sistema filosófico mecanicista. Para analizar brevemente el mecanicismo, sólo daremos un esbozo de lo que es el mecanicismo, el naturalismo y el positivismo, ya que estas tres corrientes de pensamiento van muy unidas. Aunque no es estrictamente necesario que alguien que acepta una corriente acepte las otras dos, se analizan las tres porque son una especie de presupuestos culturales en todos los campos de investigación científica actualmente. Comencemos diciendo brevemente que según el mecanicismo el hombre es una especie de máquina, complejísima pero máquina, donde todos los procesos se realizan corporalmente. De esta forma, la inteligencia se realiza en el cerebro de la misma manera en que la digestión se realiza en el estómago. Para el naturalismo no existe ningún orden además del orden natural. Por lo mismo, todo se puede explicar en términos físicos o todo se puede reducir a términos físicos. Un estado de ánimo debería poder reducirse a términos físicos y dar una explicación física de este estado de ánimo. Un sentimiento como solidaridad, compasión, amor, melancolía, odio, etc. se debe poder explicar o reducir a términos físicos. Por último, el positivismo dice que sólo es verdadero lo que es susceptible de medición. El grado de insulina en la sangre es cuantificable sencillamente, igual que la velocidad, la presión atmosférica, etc. No lo es así la funcionalidad de un edificio arquitectónico o la eficacia de un sistema de cómputo, la adecuación de su interfase, etc. Por lo que una postura positivista sería buscar parámetros para cuantificar estas variables. Una postura positivista radical es intentar medir los estados de ánimo, la veracidad de lo que se dice, etc. El sistema filosófico del realismo crítico [ Nota 1 ]. Si no es necesario un análisis exhaustivo del mecanicismo porque de alguna manera todos lo conocemos, sin embargo sí será necesaria una explicación más amplia del realismo crítico. El realismo crítico implica que los objetos que el hombre conoce, los conoce a través de los sentidos. El realismo ingenuo dice que el hombre conoce al objeto mismo sin intermediarios, mientras que el realismo crítico dice que lo hace a través de las cualidades sensibles de este, si falla el sentido, falla la percepción, pero esta es una excepción. "Lo que el sentido capta es la cosa (bajo un determinado aspecto o accidente [ Nota 2 ] ), y no la sensación o el proceso fisiológico por el que la capta. La sensación es siempre "sensación del objeto", está siempre y exclusivamente dirigida intencionalmente al objeto mismo; y ello no según todas las propiedades del objeto sino según la especificidad propia de cada sentido y según las propiedades mediante las cuales el objeto actúa sobre el sentido específico" [ Nota 3 ]. Dado que el realismo crítico se refiere principalmente a la primera fase de la epistemología [ Nota 4 ]., vamos a describir las fases de la percepción e intelección, desde que se percibe un objeto hasta que se crea el concepto y se emite un juicio intelectivo sobre este. Las fases de la percepción e intelección. Primero es necesario conocer algunos términos propios de esta corriente filosófica. En cuanto al ámbito de cada sentido se tienen los siguientes conceptos: a)Sensible propio o cualidad secundaria: "Ámbito específico de cada sentido", ya que "los sentidos son diversos específicamente, en virtud de su objeto propio y de su sensación correspondiente." Es decir los sabores para el gusto; la rugosidad, suavidad, etc. para el tacto, los colores para la vista; etc. b)Sensibles comunes o cualidades primarias: "Se conocen a través de sentidos diversos, son las cualidades propias de la extensión: la figura, la dimensión, el número, el movimiento, el reposo." La figura se puede conocer por medio del tacto o de la vista, lo mismo el movimiento que incluso se puede conocer por el oído (cuando se escucha acercar o alejar un vehículo). En cuanto a la forma en que cada sentido capta las cualidades de los objetos: a) Sensible per se: lo que es el objeto directo de los sentidos; es decir los sensibles propios y comunes. b) Sensible per accidens: lo que es objeto indirecto de los sentidos externos como sustancia concreta y más bien captado por los sentidos internos o por el intelecto. Contrastan con el realismo crítico quienes niegan la "objetividad de las 'cualidades secundarias' o 'sensibles propios', dando valor objetivo sólo a las 'cualidades primarias' o 'sensibles comunes'. Otros acabaron negando la existencia y la objetividad de toda cualidad sensible, considerándola como puramente subjetiva." De esta postura nació el positivismo. Hay que anotar que dentro del realismo crítico se conocen dos fases principales: la percepción y la intelección. Dentro de la percepción, se distingue entre la sensación externa y la percepción interna. La sensación externa es cuando los sentidos separadamente captan el objeto, mientras que en la percepción interna se percibe el objeto ya con cierta unidad. Dentro de la sensación externa existen diversos elementos. Elementos de la sensación externa. 1. Órgano sensitivo: ojos, oídos, nariz, lengua... 2. Facultad: vista, oído, olfato, gusto, tacto. 3. operación: visión, audición... 4. Cualidad sensible específica (u objeto propio) de cada sentido (color, sonido, sabor, olor...): Corresponde a una cualidad activa del objeto que se percibe o cosa sensible. Son cualidades activas los colores, sabores, texturas, sonidos, etc. La cualidad activa del sonido es la cualidad sensible específica del oído, etc. Aunque se comprobará más adelante, hay que adelantar que, a pesar de que en un primer momento parecería lógico, la inteligencia no entra dentro de este esquema. Aunque la inteligencia es una facultad cuya operación es pensar, no tiene un órgano específico (que sería en este caso el cerebro). Etapas de la sensación interna global. Una vez que conocemos los elementos que entran en juego dentro de la sensación interna global, vamos a explicar paso a paso las etapas de la sensación interna global y al final pondremos algunos ejemplos. 1. Sensación externa : Son los datos percibidos en los sentidos, con los órganos correspondientes. Esto es la llamada percepción externa, que se hace con el sentido externo: vista, tacto, olfato, etc. La sensación externa es entonces cuando un sentido capta una cualidad sensible, siendo que esta manera de captarlo es, en esta etapa, por separado. Es decir, cada sentido capta su cualidad específica sensible y espera la siguiente etapa que es la percepción interna. 2. Percepción interna: Se realiza con los sentidos internos. Los sentidos internos tienen diversas facultades y realizan diversas operaciones. Las siguientes son las facultades de los sentidos internos : a) Sentido común: Es la raíz y principio común de los sentidos externos. Los sentidos externos son como instrumentos del sentido común. Tiene la función de organizar ulteriormente los datos recibidos a través de los sentidos externos. Distingue y relaciona las diversas sensaciones procedentes de uno o varios sentidos. Además unifica en el objeto real las diversas sensaciones. Tiene conciencia de la propia sensación, lo cual es el inicio de la reflexión. b) Imaginación o fantasía: Tiene como características principales la dependencia de la sensación externa, ya que si falta un sentido externo, faltan también las imágenes correspondientes. Presenta objetos en ausencia de éstos (por ejemplo, completa el cuadro del arco visual, ya que el ojo percibe sólo parte de este arco y la imaginación "mantiene" esta imagen cuando ya ha sido percibida o la completa cuando no se ha percibido). Es capaz de hacer nuevas combinaciones entre las sensaciones recibidas; crear así seres que sólo existen en la imaginación como el unicornio, Pegaso, o los Pokèmon. c) Memoria: Tal como la conocemos comúnmente, como capacidad de recordar. d) Cogitativa o estimativa: Tomás de Aquino dice que la estimativa aprehende las intenciones que no son recabadas por los sentidos. El mismo Tomás distingue entre la "estimativa del animal" (aestimativa animalis) y la cogitativa o razón particular (ratio particularis) que es propia de los hombres . Esta facultad reviste de cierta coloración el conjunto de percepciones recabadas por los sentidos externos, una especie de "estimación" de los datos recibidos. Más adelante se aclara el papel de la cogitativa Por otra parte, las operaciones que se llevan acabo en los sentidos internos son las siguientes. Organizan las sensaciones recibidas por los sentidos externos. Pongamos como ejemplo una acción cotidiana y sencilla como la comida. En ella entran en juego todos los sentidos externos: la vista se fija en el contraste de colores, la presentación de la comida, etc.; el olfato distingue los olores que de ella se despiden; el oído a veces actúa también, al oír chisporrotear el refresco, o el tintineo de los hielos en el vaso, o el crujir de un pan, una tostada, una pizza, etc., el gusto paladea el sabor de la comida y, por último, el tacto siente la textura de los alimentos, bien sea con las manos al comerse un bocadillo de pan o unos tacos, bien sea con la boca y la lengua al sentir la textura cremosa de un flan o un pie. Cada una de estas sensaciones es percibida por los sentidos externos y organizada por los sentidos internos. Los sentidos externos la han percibido cada uno por separado, pero los sentidos internos la han organizado de forma que se perciban como un objeto único. Elaboran la imagen o phantasma. Una vez que se hace la percepción externa, los sentidos siempre elaboran el phantasma del objeto. Antes de explicar lo que es el phantasma, explicaremos cada una de las operaciones de los sentidos internos, cosa que servirá para entender mejor el papel de cada una de las facultades de los sentidos internos. El sentido común unifica todas las percepciones que los sentidos han captado por separado. La imaginación completa las sensaciones que faltan. Por ejemplo, si se ve pasar una rata y se percibe por los sentidos externos la textura casi pegajosa de su pelo gris, se escucha el chillido típico del animal y se le ve escurrirse por debajo de una puerta, la imaginación completa esta percepción y casi podemos sentir como si estuviéramos tocándola. La memoria es capaz de recordar percepciones análogas vividas en el pasado. Un ejemplo de ello es en los animales, que cuando han tenido una mala experiencia con algún objeto -un perro atropellado por un coche- instintivamente tienden a evadirlo. La estimativa, por último, que da cierta valoración o estimación al objeto percibido, que provoca la tendencia de atracción o de repulsión. Si una oveja, escucha un ladrido, y percibe un animal de hocico alargado con dientes grandes, pelo gris, patas alargadas y esbeltas; el sentido común unifica estos datos y, aunque la imaginación o la memoria no entraran en juego (es decir que nunca hubiera visto a un lobo antes), la oveja percibe delante de este objeto el imperativo del instinto "¡Corre!". Esto es debido a la valoración que hizo la estimativa. Analizado ya el conjunto de operaciones de los sentidos internos, expliquemos lo que estaba pendiente. El phantasma es el conjunto de cualidades unificadas por el sentido común ayudado de la imaginación o fantasía, de donde toma el nombre de fantasma , coloreado de una valoración concreta por la estimativa o cogitativa y almacenado en la memoria. Nos creamos phantasmas de los objetos que percibimos, aunque, a diferencia de los conceptos, los phantasmas son concretos. Los conceptos suelen ser genéricos (la casa), los phantasmas son concretos: el phantasma que me he hecho de mi casa tiene a la cocina en un lugar, las escaleras en otro, posiblemente hasta la altura y el número de escalones, etc. Ejemplo de la sensación interna global. Para explicarlo mejor, pongamos otra vez como ejemplo la cotidiana actividad de comer, pero agreguemos el ingrediente extra de engañar a la imaginación haciendo una broma. Cuando se han probado varias veces las gomitas sabor fresa, los sentidos internos han creado ya no solo un phantasma sino incluso un concepto de las gomitas de fresa. Si alguien nos da a probar unas gomitas que parecen sabor fresa, pero que están "sazonadas" con sal de ajo, los sentidos externos percibirán las gomitas, pero sólo lo hará la vista y el tacto con la mano, el gusto no ha entrado en juego. La memoria traerá a través del concepto el phantasma de las gomitas de fresa, este ya está valorado por la estimativa como algo bueno y sabroso. A pesar de que sólo se ha percibido el color y el tacto, la imaginación completará las percepciones de gusto y olfato que faltan, en base al phantasma. En el momento en que los sentidos externos de gusto y olfato perciben la realidad concreta del sabor a sal de ajo, se crea un momento de confusión, al no concordar lo que la imaginación y memoria trajeron a la mente y lo que de hecho se ha percibido.Este es precisamente el ingrediente que hace “apetecible” hacer una broma, el hecho de que se cree un contraste entre la realidad y lo que la imaginación ha creado.
El objeto propio del intelecto es aquello que le es primeramente y por sí mismo evidente, es decir, sobre lo que el intelecto primariamente actúa. Aquello que es primeramente y por sí mismo evidente al intelecto es la esencia de las cosas materiales. Como ya lo hemos visto, después del acto de conocimiento sensible, el intelecto conceptualiza y por medio de esta conceptualización capta aquello por lo que el objeto es eso y no otra cosa, es decir, la esencia ; esta esencia es sobre lo que el intelecto actúa primariamente.
Transcribo la explicación que da el Dr. Ramón Lucas al respecto:
Estas son las respuestas que se dan desde la perspectiva no tradicional del mecanicismo. [1] Este punto está prácticamente tomado de Montes Skertchly Hugo, “Condiciones de Posibilidad de la IA”, p. 45, tesis licenciatura, U.A.A. [ Volver ]
Profesor Investigador. http://www.uaa.mx
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