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Entrevista
a Manuel Castells: "El futuro es ahora"
por Victor-M Amela y Salvador Sansuán |
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MANUEL CASTELLS, SOCIOLOGO. "EL FUTURO ES AHORA". Tengo 58 años. Nací en Hellín (Albacete) y vivo en California desde hace 20 años: enseño Sociología en Berkeley. Estudié Derecho, Economía y Sociología: investigo los cambios sociales. Tengo una hija, Nuria, y dos nietos, Clara (8 años) y Gabriel (2). Soy socialista. Soy el autor de "La era de la información: economía, sociedad y cultura" EL FARO Castells se proclama socialista, lo que no impide que Jordi Pujol le cite como a un profeta reverendísimo. Políticos de todas las tendencias citan a Manuel Castells como faro, como argumento de autoridad. "Como ya dice Castells...", advierten. No sé si nuestros políticos la han leído, pero todos citan la obra de este profesor de Sociología en la Universidad de Berkeley con admirativa reverencia. Manuel Castells tiene un suave deje andaluz en el habla (aunque sus ancestros provienen de Valencia) y parece tener el globo terráqueo en la cabeza. Es un hombre firme -ha superado un cáncer- y entusiasta por desentrañar la sociedad urbana contemporánea, cuya sangre es la información. Hablar con él es ver desplegarse el mapa del futuro, y saber que ya está aquí. ¿Hacia dónde vamos? Nunca hago predicciones. Otros sociólogos sí. Y fallan. ¡Bastante trabajo hay con estudiar el presente! Pero el presente puede augurar el futuro. Eso que usted llama futuro ya está aquí: es presente, es ahora. ¿En qué consiste ese presente-futuro? En que estamos ya en la tecnología de red: desde cualquier lugar podemos tomar cualquier decisión que afecte de inmediato a otro lugar. Un "gadget" tecnológico, simplemente. ¡No! Es algo que está cambiando la economía en todo el mundo. ¿Quiere un ejemplo? Por favor... Hay industrias (como Cisco, cuyo valor es diez veces el de Telefónica) a las que sus clientes hacen el pedido a través de una web, y esta web lo remite a los proveedores: regula la demanda y además afina el tipo de producto que necesita el cliente, al que se le envía el producto directamente. Sin intermediación humana. El 50% de las operaciones de Cisco (que fabrica equipos de navegación por Internet) se hace así. O está el caso de Zara. ¿La empresa de prendas de vestir? Sí. Los vendedores de sus tiendas registran en un miniordenador la prenda que acaban de vender, de manera que la central sabe qué prendas gustan más en cada momento y en un tiempo récord rectifica la producción a favor de esa prenda. El triunfo de la red, ¿no erosionará las relaciones personales? No. Esto está estudiado: Internet aumenta la comunicación. El tiempo que una persona dedica hoy a Internet se lo ha quitado a la televisión, no a las relaciones personales. La televisión, de todos modos, sigue siendo la reina del ocio doméstico... Pero eso está cambiando. Internet se integra en el conjunto de medios audiovisuales, los canales se diversifican e Internet ayudará a cada uno a seleccionar el que le interese. Los canales se diversifican, sí, pero llega un día "Gran Hermano" y, pam, doce millones de espectadores... Es verdad, es una excepción a la norma. Sucederá algunas veces que un mensaje movilizará el interés de muchas personas. "Gran Hermano", un partido de fútbol... Como sociólogo, ¿por qué cree que "Gran Hermano" atrae a tanta gente? Porque la televisión está saturada de realidad virtual, de ficciones, de una realidad de efectos especiales, y el espectador demanda una realidad "real". Que tampoco es real-real. Exacto, pero tiene apariencia de realidad, que es lo que satisface ahora al espectador, deseoso de escapar de ese encierro de lo virtual del mundo audiovisual. Es una tendencia europea que ya está exportándose a Estados Unidos, al revés de lo habitual. Dice usted que hoy estamos en la era de la información. ¿Por qué ahora sí y antes no? Porque es ahora, por primera vez en la historia, cuando la comunicación es de muchos a muchos -con Internet- y no de uno a muchos. Es simultánea e interactiva. Siempre Internet... No sólo eso, mire la ingeniería genética. Es otra interactividad: somos nosotros, ahora, quienes estamos cambiando los códigos de información de la materia viva. Pero en una fase aún de ciencia ficción. No, pronto habrá biochips que harán estallar la auténtica revolución tecnológica. ¿Qué revolución es esa? La nanotecnología. Unos chips-sonda microscópicos podrán navegar por nuestro flujo sanguíneo, enviando informaciones que podrá procesarse en tiempo real. ¡Y decía usted que no le gustaba ejercer de futurólogo! No es futuro, insisto. Ya tenemos la tecnología, sólo falta la capacidad tecnológica de procesar tantísima información para tomar decisiones a tiempo real. Otra predicción: el padre de Internet, Vinton Cerf, me dijo que en 20 años habrá Internet en Neptuno. Vinton Cerf predice el futuro porque él está haciendo el futuro: ¡para él es fácil! Está trabajando con la NASA en un Internet interplanetario e interestelar. ¿Y para qué? Yo también me lo pregunto, ja, ja... Pero, sí, sirve para lo mismo para lo que sirvió ir a la Luna: no hemos hecho nada con la Luna (por suerte), pero eso impulsó el desarrollo de tecnologías útiles para otras cosas. ¿Cosas que van a cambiar nuestro mundo? Sí, del 30 al 50% de las profesiones de dentro de 20 años hoy aún no existen. Vaya, ¿y cómo educo yo hoy a mi hijo de 5 años para ese mundo de cuando tenga 25? Enséñele lo clásico: lengua, literatura, geografía, historia y matemáticas. Que sepa aprender, pensar; lo demás ya lo encontrará él en la red, si sabe qué quiere y para qué. Y emocionalmente, ¿qué le conviene? Habrá tantos cambios sociales y en las relaciones familiares que lo mejor es que tenga unos valores básicos claros y una personalidad flexible, para readaptarse a lo nuevo. ¿Qué tecnología le marcará más? Por ejemplo, la medicina regenerativa: inyectaremos genes en nuestro cuerpo para que él mismo regenere órganos desde dentro. ¿En serio? Ya se ha logrado en regeneración de vasos sanguíneos. En las pruebas ha muerto un paciente, pero bueno... Así, nuestro cuerpo sabrá regenerar sus riñones, su corazón... ¿Mi hijo... podrá ser inmortal? Nuestras vidas podrán alargarse, alargarse, alargarse...
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