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Perfil:
Adela
Cortina es una activista de la ética, una mujer de acción
que no se acomoda bajo el toldo de su cátedra. Su agenda está
llena de fechas de seminarios, conferencias, debates y congresos, y en
su ordenador siempre hay varios artículos en marcha. Nacida en
Valencia, estudió Filosofía y luego marchó a Alemania,
donde se empapó del movimiento de la ética del discurso
y su trasfondo kantiano actualizado. Volvió a mediados de los ochenta
y escribió varios libros sobre la materia, entre los que destaca
Ética mínima, un trabajo para sentar las bases de una moral
de coincidencia, puesto que no era posible una ética compartida
en España tras el paso de la dictadura a la democracia. Este activismo
la ha llevado a la dirección de la Fundación para la Ética
de los Negocios y las Organizaciones (Etnor), una institución que
está desarrollando una honda actividad en el ámbito empresarial.
Llegó
hasta la filosofía pura para aplacar su interés por el ser
humano, en una época en que las alumnas eran un caso raro. Varios
años después es la cabeza más inquieta de un grupo
de ética aplicada surgido en algunas universidades de la Comunidad
Valenciana, cuyos trabajos resuenan con insistencia en los foros europeos.
¿Qué
es un filósofo? ¿Una especie de cura laico?
No,
por Dios, no nos hunda más la profesión de lo que ya la
tenemos. La filosofía es el amor a la sabiduría y se supone
que el filósofo es el que busca la verdad y el bien de una manera
desprevenida, sin guardarse nada en la recámara.
¿Un
filósofo no es casi una arqueología analógica en
el siglo XXI?
Desgraciadamente,
el filósofo ha perdido muchas bazas en este siglo por! que no tiene
demasiado tiempo para la reflexión. Ése es el gran problema
de la filosofía. Antes el filósofo tenía mucho tiempo
y poca información, y ahora la información nos desborda
y tenemos poco tiempo. Entiendo que hoy el filósofo es alguien
que tiene que trabajar con sociólogos, literatos... para tratar
de hacer la articulación de nuevos modelos filosóficos.
Usted
insiste a menudo en que la filosofía moral es más necesaria
que nunca.
En
estos momentos, desde diversos sectores empresariales y profesionales,
nos estamos dando cuenta de que son importantes una serie de elementos
morales que a veces se habían despreciado. Por ejemplo, las empresas
cada vez se dan más cuenta de que sin una confianza entre los contratantes
y los pactantes, sin una calidad del producto, sin unas buenas relaciones
entre las distintas empresas..., no funciona ni siquiera el negocio. Las
gentes se dan cuenta de que una cier! ta ética vende, desde el
punto de vista político, desde el punto de vista empresarial y
desde el punto de vista profesional.
¿Para
qué sirve la ética?
Primero,
para ser personas, que no es mal proyecto. Para eso hay que tener ideales
de justicia y de vida buena. La ética sirve para ser justos y felices.
¿Por
qué es usted una activista de la ética?
Porque
los seres humanos me interesan mucho y me parece que el mundo no está
hecho a su altura.
¿A
mayor poder, menos ética?
Desgraciadamente
es así. Creo, como los viejos anarquistas, que el poder corrompe
y que el poder absoluto corrompe absolutamente. Uno de los grandes desafíos
del siglo XXI es conseguir que la gente que tenga poder tenga también
ética. Que la ética llegue al poder será parte de
la salvac! ión de la humanidad.
Estamos
en una época en que el poder tiende a concentrarse.
Se
está concentrando mucho poder desde el punto de vista político,
pero todavía más desde el punto de vista empresarial.
¿Dónde
se cumple menos con la ética, en la política o en los negocios?
En
este momento me resultaría difícil decirlo. Desgraciadamente,
en el terreno de la política, la obsesión por llamar la
atención para recabar votos hace que los políticos hagan
cosas llamativas sin pensarlas, y eso está reñido con la
ética.
¿Si
la ética abandona la política está en peligro la
democracia?
Totalmente.
En este momento la democracia está muy en peligro porque a los
políticos se les piden pocas responsabilidades. Los políticos
deberían de dar cuenta y ser responsables de ! las cosas que hacen,
y los ciudadanos deberían ser más participativos.
¿La
desconfianza hacia el político se está consolidando como
el principio de la democracia?
Desgraciadamente,
porque entiendo que el principio de la democracia debería ser el
protagonismo de los ciudadanos. Los ciudadanos tienen que darse cuenta
de que la democracia es el gobierno del pueblo y que los políticos
tienen que ser unos coordinadores de las sugerencias, los proyectos y
las ilusiones de la sociedad.
¿La
globalización es el Apocalipsis o el Mesías?
Como
decía Aristóteles, los venenos sirven para matar y los venenos
sirven para sanar. Todo depende de cómo se empleen y con qué
metas. La globalización es, o bien la gran ocasión para
hacer una ciudadanía cosmopolita, donde el universo sea la ciudad
de todos y todos se sientan ciudadanos, o sencillamente! la culminación
de un proceso en el que cada vez se abre más el abismo entre pobres
y ricos, entre países que ya no interesan a nadie y países
en los que la gente se lanza a consumir como loca.
¿El
consumismo ha sustituido a alguna doctrina?
Sí,
es la doctrina número uno, y además lo que nos une a todos
cada vez más no es ser personas, sino ser consumidores. Me gusta
mucho esa expresión de Rifkin que dice que nuestra etapa es aquella
en que ha triunfado el capitalismo porque ha conseguido llevar todo nuestro
tiempo a la arena comercial. Podemos comprar a cualquier hora del día,
de la noche, por Internet, en una gran superficie... Somos consumidores
de raíz.
¿El
consumismo es un síntoma de que el egoísmo le ha ganado
el pulso a la solidaridad?
Es
una forma de vida que hace prácticamente imposible la solidaridad.
Cuando hay una forma de vida en la que lo que da la felicidad es ir de
compras, porque la gente ya no va a comprar esto o lo otro, sino de compras
como un fin en sí mismo, que el de al lado tenga o no tenga, o
se esté muriendo de hambre, es que ni se considera. El consumismo
ha expulsado a la solidaridad.
¿A
qué responden las movilizaciones antiglobalización?
A
un profundo sentimiento de que la globalización, tal y como se
está produciendo, no es humanizadora. Pero creo que esos movimientos
deberían dar alternativas. Ganarían mucho más si
en vez de decir no, que no tiene sentido porque la globalización
va a seguir, dijeran sí, pero de esta manera. Nos estamos jugando
el futuro en el cómo.
¿Qué
exigencias debería imponer la ética ante la brecha abierta
por la secuenciación del genoma?
Muchísimas,
pero no en el sentido alarmista de la gente que ! imagina un futuro terrorífico,
sino más bien de pensar las cosas con serenidad. La globalización
nos ha llevado al corto plazo, y en temas como el del genoma el corto
plazo puede ser terrible. Si una empresa ha gastado una enorme cantidad
de dinero para patentar un gen, no está dispuesta a no comercializarlo
inmediatamente. Cuando hemos entrado en la comercialización, todo
se vuelve imparable. Más aún porque hay países que
tienen capacidad adquisitiva para patentar genes y otros que no la tienen,
con lo que los países subdesarrollados cada vez son más
dependientes. En este proceso me parecen más responsables los científicos
que las empresas, porque los investigadores son partidarios de las moratorias
y de agotar todos los plazos hasta ver los resultados, mientras que la
industria quiere rentabilizar enseguida la operación sin esperar.
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