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Aclaraciones a "Estuve en Goteborg"
por Susan George (autora del "Informe Lugano")


Me permito volver a intervenir en El Grano de Arena porque mi escrito sobre Gotemburgo (yo estuve en Gotemburgo) provocó numerosas reacciones, favorables y desfavorables. He podido contestaros a algunos de vosotros pero no me será posible hacerlo para todos, por lo cual permitirme precisar aquí algunos aspectos que han sido mencionados.

Para empezar, este debate me parece sano. Por su parte, la junta de ATTAC Francia ha publicado un comunicado sobre Gotemburgo con el cual evidentemente me solidarizo.

En cuanto a mi punto de vista personal: Como se me había pedido hacer algo corto, no tomé todas las precauciones "oratorias" necesarias y constato que no tuve razón, sobre todo tratándose de un tema tan sensible. Por ejemplo, tendría que haber empezado por la violencia estructural de la sociedad, sobre todo en el Sur, pero también aquí, donde sobre todo muchos jóvenes (pero también menos jóvenes) están afectados. Ya que desde hace décadas he dedicado numerosos libros y artículos, entrevistas y conferencias al tema, no pensaba tener que repetirme pero reconozco haberme equivocado.

Por otra parte, de ninguna manera defiendo las actuaciones de la policía en Gotemburgo, sobre todo los tiros con fuego real. Esto tampoco parece que quedó obvio para algunos lectores que me han contestado y tengo que pedir disculpas. Pido simplemente que se le otorgue a uno el beneficio de la duda, que se debata de manera serena y, si es posible, sin juicio de intenciones, porque todos tenemos los mismos objetivos. Se trata de definir las mejores estrategias y los medios más eficaces para alcanzarlas de manera conjunta. [El testimonio de Paul Maze, de ATTAC Niza, que estuvo en Gotemburgo, también fue instructivo. El policía que disparó con balas parece que no estaba él mismo amenazado, sino que intentaba salvar a un compañero en el suelo sobre el que estaban tres manifestantes — esto no excusa el fuego real, pero puede cambiar la imagen que han podido tener algunos de un policía que dispara sin razones.]

Finalmente, no soy "pacifista" o seguidora de Gandhi, pienso que la violencia se puede justificar, todo depende de las circunstancias y del contexto político. Se puede perfectamente manifestar usando la confrontación física tal y cómo la entienden los Tutti Bianchi ("mi cuerpo es un arma"), aunque prefiero tácticas en las cuales todos podemos participar y que no corren el riesgo de desencadenar la violencia policial. Todo es una cuestión de dosis. Estuvé en la Junta internacional de Greenpeace durante seis años y su estilo de confrontación no-violenta e imaginativa [para el cual los activistas tenían un entrenamiento especial] me parece un modelo muy bueno.

En mi escrito sobre Gotemburgo, intenté llevar a cabo un análisis "político" acerca del futuro del movimiento con el cual estamos comprometidos. Este movimiento pretende cambiar el mundo de manera profunda, haciéndolo sin caer en las trampas que el poder actual — el poder capitalista propiamente dicho y los estados y las organizaciones internacionales que le sirven — nos tenderá forzosamente como ya lo está haciendo. Cuanto más logremos desenmascarar a este poder, más intentará dividirnos, neutralizarnos, destrozarnos, es normal. El poder no es tonto y tiene recursos inmensos a su disposición, no sólo las fuerzas del orden que son los subalternos. Otros movimientos esperanzadores han sido aniquilados en el pasado y se trata de evitar que nos pase a nosotros también. Goethe decía: "La única cosa que la historia nos enseña es que nadie nunca aprende nada de la historia.": tratemos de no darle la razón. Propongo otra cita, del gran estratega chino Sun Tzu (2000 y algunos años ante JC): "No hagas lo que más ganas tienes de hacer. Haz lo que tu adversario menos ganas tiene que hagas".

Mi contribución se basa en lo que el adversario, en mi opinión, menos quisiera que hiciéramos. Me puedo equivocar tanto en mi análisis como en mis conclusiones, pero la cuestión que planteo me parece capital. ¿Cuáles son los comportamientos de los que se aprovechan nuestros adversarios? ¿Qué errores estratégicos de nuestra parte les alegran y les refuerzan? Es en esto en lo que, en mi opinión, tendría que centrarse el debate.

He abogado por un movimiento amplio y transgeneracional; de ninguna manera quiere esto decir que "desprecio a los jóvenes", según lo ha entendido por lo menos uno de los que me han contestado, y al cual también pido disculpas. Al contrario, no paro de decir lo importante, lo fabuloso que es que desde hace algún tiempo los jóvenes vuelvan a la política y se pongan de entrada en el terreno de la solidaridad internacional. Es evidente que la inmensa mayoría de estos jóvenes no son violentos, al igual que la inmensa mayoría de los participantes en el movimiento. No obstante sigo creyendo que las actuaciones de algunos pueden disuadir a otros de participar en nuestra manifestaciones y actos, y que estos comportamientos son de hecho antidemocráticos y dañinos.

En un movimiento que crece y se internacionaliza con increíble velocidad, vamos a tener que hacer, seamos quienes seamos y estemos donde estemos, un gran esfuerzo para entender las especificidades culturales y no juzgar todo partiendo de la situación y de los hábitos de nuestro país. Tomemos el ejemplo de Suecia, sin ir más lejos: los países nórdicos son sociedades de consenso, allí todo se debate con antelación. Es lo que Attac Suecia hacía con las autoridades desde hace meses. Suecia no había conocido, por lo menos desde 1934, una manifestación como la de Gotenburgo. La policía no tiene los equipamientos ‘antidisturbios clásicos’ — lo cual una vez más no excusa para nada los métodos que ha empleado (y tampoco habría excusado el uso de gases, de cañones de agua o de balas de goma, pero el hecho es que no los tenía). Muy rápidamente después de los acontecimientos, han hecho su aparición carteles en la gran avenida destrozada: "Attac ha pasado por aquí". Dos amigos suecos me han escrito para decirme que la derecha sueca se lo está pasando muy bien. Indudablemente es un golpe en contra de nuestros compañeros de Suecia y han quedado bastante traumatizados. Tengo algunas razones para creer que los fascistas locales (y quizás de otras partes) no son ajenos a lo que ha pasado — en todo caso la derecha y la extrema derecha han aprovechado rápidamente la oportunidad.

Del mismo modo, en Dinamarca, donde estuve la semana pasada, la prensa, según los compañeros, "no ha tenido piedad", embarrándose de forma continua sobre los hechos de Gotenburgo; tienen la impresión de haber perdido seis meses de trabajo. Los jóvenes daneses que se han manifestado y que han participado en los destrozos están hoy día en una actitud de "arrepentimiento" (pero no los suecos que dicen que su violencia refleja la violencia de la sociedad, y punto).

Las ideas que hemos intentado transmitir en Gotenburgo no han sido escuchadas para nada. Quién sabe, en Suecia o en otras partes, que Attac había organizado una gran novedad, un debate (con turnos y en un estudio para los ‘oficiales’) entre Joschka Fischer, Romano Prodi, Javier Solana y los primeros ministros de Suecia y Portugal, y ocho representantes del movimiento social, entre los cuales figuraba. Casi duró hora y media, con retransmisión en pantalla grande al aire libre; se avanzaron críticas, argumentos y propuestas — nadie lo sabe, excepto algunos centenares que estaban físicamente presentes.

Contrastemos este silencio mediático sobre las ideas (porque tenían otras cosas que llevarse a la boca) con los resultados de la Contra-conferencia organizada el fin de semana pasado en Barcelona por una gran coalición de organizaciones donde los Attac-Catalunya/España han jugado un gran papel. (el Banco Mundial debía tener su conferencia anual sobre "economía del desarrollo" en Barcelona, pero había renunciado por temor a las protestas, lo que ya es una victoria). La Contra-conferencia ha reunido miles de personas a la vez en las manifestaciones políticas al aire libre, en los talleres y conferencias en la universidad y una manifestación el domingo a mediodía (a la cual yo no he podido asistir). La policía intentó, por supuesto, provocar, sobre todo a los extranjeros, el estado no quería la marcha del domingo, pero los compañeros obtuvieron in extremis una decisión de la justicia autorizándola. Todos estaban de acuerdo en un método de confrontación no violento. Hubo naturalmente provocaciones policiales, incluso polis vestidos de ‘black bloc’, pero la provocación fue tan grosera y tan poco eficaz que todos los periódicos, las radios y las teles de Catalunya y de España, y también de fuera, dieron amplia cuenta de lo sucedido, el sábado y el domingo, con entrevistas a los participantes, editoriales, debates poniendo de relieve la reivindicaciones, las ideas y las propuestas del movimiento. Es un gran éxito político (por cierto, todas mis entrevistas empezaban por cuestiones sobre violencia en Gotemburgo ...).

Bueno, no quiero eternizarme; el tema se ha agotado para nada, es preciso seguir debatiendo entre nosotros y con otros. Lo que me obsesiona es la posibilidad de que este magnífico movimiento pueda dañarse. Habrá más provocaciones. Habrá intentos de criminalizar y de dividir. No tenemos que dar pié a esto, sea por falta de inteligencia de algunos, sea por rechazo de la democracia y de las decisiones tomadas por los que constituyen el 95 por ciento de los participantes. Tampoco quiero que tengamos mártires, como ese joven en Gotemburgo que ahora está afortunadamente fuera de peligro. A medida que crece nuestro éxito, crecerá en nuestros adversarios el miedo y la determinación de acabar con nosotros. Para vencerlos, habrá que elegir el terreno y las estrategias, habrá que se imprevisible y evitar las trampas, y sobre todo tendremos que pensar con nuestras cabezas y no con la adrenalina.

 

 
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