| Archivo/Navegantes |
|
Estuve
en Goteborg |
|
ATTAC-Suecia
tiene actualmente entre 4000 y 5000 miembros, que en relación con
la población de Suecia, significa tanto o más que en Francia
después de menos de un año de existencia, el que ha estado
reconocido como un fenómeno político significativo. El presidente del Consejo de ATTAC, Hans Abramsson que ocupa une cátedra universitaria de estudios para la paz y América Vera-Zavala se reunió con el primer ministro Goran Persson (la foto de América con la su camisa blanca adornada con la insignia roja de ATTAC al lado de Persson, salía en un número de "Metro", la publicación de la Cumbre). Todo esto está dentro de la tradición sueca de la concertación y el consenso y, según los miembros de ATTAC, se estableció una confianza mutua. Desgraciadamente, todos estos esfuerzos fueron inútiles. Los problemas empezaron el jueves por la tarde. El Gobierno había cedido diversas escuelas para que los militantes pudieran dormir. Corría el rumor de que habían armas escondidas en una escuela, los ocupantes se negaron a salir, la policía hizo instalar inmensos contenedores para bloquear todos los accesos a la escuela y empezaron algunas escaramuzas entre policías y contestatarios dentro de un parque próximo donde la policía iba a caballo, contrariamente a una de las promesas hechas durante las negociaciones. A pesar de todo, nada grave sucedió el jueves, aunque la tensión comenzaba a subir. El viernes, los ocupantes del movimiento "Globalisation from Below", "Ya Basta" y "Tute Bianche" fueron evacuados. Ese mismo día, yo estaba personalmente en la zona alternativa donde estaban las tiendas acogiendo a múltiples organizaciones y a todos los forums. Pero a menos de 500 metros del lugar los enfrentamientos y los destrozos empezaron. En la Gran Avenida, que los ciudadanos de Goteborg comparan con los Campos Elíseos de París, al final de la tarde no quedaba ninguna vitrina intacta. Aproximadamente unas doscientas personas habían conseguido implicar en la batalla a un millar o más. La policía, completamente desbordada, con los vehículos destruidos, dispararon fuego real y una persona como mínimo fue gravemente herida de bala en el abdomen, otras con heridas leves. Los suecos no se habían encontrado nunca con este tipo de violencia en su territorio, y quedaron profundamente afectados. Condeno de manera clara y precisa esta violencia, y lo hago por diversas razones: -
Independientemente de las posiciones filosóficas sobre la cuestión
y a parte del hecho de que nuestros colegas suecos se han quedado bastante
traumatizados, la violencia hace inevitablemente el juego al adversario.
- El Estado se define por su "monopolio de la violencia legítima". Cualquiera que piense poder afrontar y ganar en este terreno, no ha ido muy lejos en el análisis político. Cualquiera que piense que rompiendo aparadores y atacando a la policía "amenaza al capitalismo", no tiene pensamiento político de ninguna clase. - No podemos construir un movimiento amplio y popular sobre la base de una cultura de unos jóvenes y de una gente que están dispuestos a que les rompan la cara. Todas las personas que tienen miedo de los gases, de la violencia, la gente de mi edad, las familias con hijos, la gente menos en forma físicamente, se abstendrán y no vendrán a ninguna de nuestras manifestaciones. - No es nada democrático. Estoy harta de estos grupos que nunca están a la hora del trabajo preparatorio, que no hacen nunca nada en la política de cada día, pero que aparecen en las manifestaciones como unas flores "venenosas" para romper cualquier acuerdo que haya sido negociado por los demás. Además, todo esto romperá las alianzas entre los que condenan la violencia y aquellos que la toleran y rechazan hacerlo. - Se insulta a los que rechazan y condenan la violencia tratándolos de "reformistas". Pero la contraposición "reforma-revolución" no tiene ningún sentido en el contexto actual y no es, a mi entender, donde se sitúa el problema. No es nada "revolucionario" dividir el movimiento social y rechazar aliados potenciales, no es nada revolucionario generar la simpatía por nuestros adversarios por parte de la mayoría de la población, no es nada revolucionario oponerse a todas las medidas parciales (como la Tasa Tobin) esperando el "Gran Día"; es idiota y es contraproducente. Bien, estoy harta de esta tiranía y tengo miedo de que si se continua dejándolos hacer, acabarán por destruir el movimiento, la mejor esperanza política desde hace treinta años. |