El
pasado 1 de septiembre el líder libio, Muammar el Gaddafi, realizó
un discurso en la ciudad sureña de Sibha para conmemorar el 33
aniversario de la Revolución de Al Fateh, en 1969, que supuso
el derrocamiento del régimen monárquico libio y el posterior
cierre de las instalaciones militares norteamericanas en el país.
En su discurso, Gaddafi resaltó el nuevo papel de Libia en el
contexto internacional. El líder libio condenó de nuevo
los atentados del 11 de septiembre en EEUU señalando: “Nunca
hemos visto un acto tan horrible realizado en una forma tan espectacular”.
En este sentido, cabe recordar que Gaddafi fue uno de los primeros líderes
árabes en condenar los atentados de Nueva York y Washington.
Gaddafi manifestó también que las autoridades libias habían
procedido al arresto de algunos antiguos combatientes libios que habían
tomado parte en la guerra de Afganistán y que tenían presuntos
vínculos con Al Qaida. Gaddafi se había mostrado dispuesto
en el pasado a colaborar en la lucha contra el terrorismo, pero ésta
es la primera vez que dio a conocer que presuntos miembros de Al Qaida
habían sido detenidos en Libia.
El líder libio urgió también a EEUU y el Reino
Unido a cambiar su actitud hacia los árabes y los musulmanes
y advirtió también a ambos países contra una invasión
de Iraq, drigida a derrocar al presidente Saddam Hussein, y manifestó
que “un colapso del régimen iraquí convertiría
a Iraq en otro Afganistán” y daría “un fuerte
impulso” a gente como Osama Bin Laden. “Él dirá:
“Veis, yo tenía razón (para atacar a EEUU). El mundo
musulmán está siendo agredido”.
Gaddafi anunció también que su país, que “durante
años tuvo un comportamiento revolucionario”, dejará
de ser un Estado rebelde, y en adelante “aceptará la legalidad
internacional”. “Tenemos que aceptar la legalidad internacional,
pese a que esté falseada e impuesta por EEUU”, manifestó
el líder libio. Obviamente, Gaddafi desea con este anuncio evitar
el dar pretextos a Washington para que lleve a cabo una agresión
contra Libia. Recientemente, el primer ministro israelí acusó
a Libia de querer conseguir armas de destrucción masiva (una
extraña acusación para un país que posee unas 400
cabezas nucleares e ingentes cantidades de armas químicas y biológicas).
Estas alegaciones fueron desmentidas por Libia, que ha acusado a Israel
de buscar pretextos para arrastrar a EEUU a una guerra contra los árabes
y los musulmanes.
En realidad, Libia pretende ahora hacer más hincapié en
su propio desarrollo económico y potenciar sectores como el turismo,
con el fin de liberar a su economía de una dependencia excesiva
del petróleo. El país ha iniciado también una campaña
de lucha contra la corrupción. En este sentido, hay que interpretar
la reciente destitución y condena de Ayili Brini, antiguo ministro
de Economía, por malversación de fondos públicos.
Apoyo a la Unión Africana
Gaddafi recalcó también la importancia que Libia da a
la unidad africana. El líder libio ha sido uno de los inspiradores
de la recién creada Unión Africana, la sucesora de la
antigua Organización para la Unidad Africana, que celebró
su ceremonia oficial de constitución el pasado mes de julio en
la ciudad sudafricana de Durban. Gaddafi espera que una unión
más estrecha entre los países africanos pueda permitir
el desarrollo económico del continente y la solución de
los problemas a que éste debe hacer frente. De hecho, Gaddafi
ha actuado como mediador en diversos conflictos africanos, como el del
Congo y Sudán, lo cual le ha dado un indudable prestigio entre
los líderes y pueblos africanos.
Libia posee también una sólida reputación en África
debido a su apoyo a los movimientos de liberación que lucharon
en su día contra el colonialismo y el apartheid. Este hecho ha
sido presentado, sin embargo, por algunos en Occidente, especialmente
por aquéllos que desean la perpetuación de la situación
de dependencia y subdesarrollo de África, como un “respaldo
de Libia al terrorismo”. Mientras que Gaddafi apoyó al
Congreso Nacional Africano (CNA) y su lucha contra el régimen
racista de Pretoria, otros como el actual vicepresidente de EEUU, Dick
Cheney, votaban en su país contra la imposición de sanciones
a tal régimen y calificaban al CNA como “un movimiento
terrorista”. Hoy, sin embargo, la historia ha dado la razón
al líder libio y ha demostrado que su opción fue la correcta.
Cuando el ex presidente norteamericano Bill Clinton pidió al
entonces presidente sudafricano Nelson Mandela que rompiera sus relaciones
con Gaddafi, aquél le recordó que Libia, a diferencia
de EEUU, había apoyado la lucha del pueblo sudafricano para eliminar
el apartheid y que Gaddafi era su amigo personal.
Gaddafi recuerda en este sentido que fueron los dirigentes africanos
los que, durante el tiempo de la imposición de las sanciones
de la ONU contra Libia, que prohibían los vuelos de y hacia Libia,
rompieron el embargo volando, uno tras otro, hacia Trípoli. En
una cumbre de la Organización para la Unidad Africana, recordó
Gaddafi en su discurso, los países africanos se pusieron de acuerdo
para declarar que si EEUU y el Reino Unido no aceptaban la celebración
de un juicio a los sospechosos de Lockerbie en un tercer país
neutral, y no el territorio de ninguno de los dos países, y bajo
la supervisión de las Naciones Unidas, ellos de forma unilateral
considerarían nulas las sanciones de la ONU. Al final, EEUU y
el Reino Unido aceptaron estos términos y la crisis de Lockerbie
llegó a una solución. Esta actitud africana contrastó
con la de algunos líderes árabes que no sólo no
rompieron el embargo, sino que incluso apoyaron la resolución
731, que imponía las sanciones, sin tener en cuentra los lazos
fraternales que los unían con Libia.
En su discurso, Gaddafi señaló también que la Unión
Africana ha puesto a África a la vanguardia de los procesos de
unificación del mundo, muy por delante de América Latina
e incluso de la Unión Europea. En este último sentido,
el líder libio apuntó a que en la mencionada cumbre de
Durban de julio, los estados africanos decidieron crear un Consejo de
Seguridad Africano, instrumento del que Europa carece. El motivo de
la creación de este Consejo fue el deseo de los países
africanos de marcar una diferencia con el Consejo de Seguridad de la
ONU, que está sometido a presiones externas y anulado en la práctica
por el derecho a veto de los cinco miembros permanentes.
En este sentido, Gaddafi señaló en su discurso que “ya
no existe una política libia sino una política africana
que representa tanto a Libia como Lesotho”. El líder libio
manifestó también en este sentido que la política
libia hacia EEUU seguirá las pautas que se marquen dentro de
la Unión.
Por último, Gaddafi hizo mención a la necesidad de que
una África unida colabore con China. Un reforzamiento de los
lazos entre China y África produciría, según el
líder libio, una modificación sustancial en el actual
panorama político internacional.
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