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Un
Tercer Milenio, con desafíos del Segundo
por Carlos Montero |
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La Organización de las Naciones Unidas ha proclamado al 22 de marzo como Día Mundial del Agua y al 7 de abril como Día Mundial de la Salud, para que sirvan como excusa comunicacional suficiente para favorecer la difusión de datos, estudios y discusiones, sobre estos temas, creando a la vez conciencia sobre el desafío global que constituyen para la Humanidad. La calidad de vida del ser humano será sustentable gracias (1) al poder adquisitivo suficiente para obtener los frutos de la producción laboratorial de medicinas, lo que es discutido por la Organización Mundial de Comercio; (2) a la accesibilidad a los avances científicos y tratamientos, tratado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual; (3) la conservación del ecosistema en que nos desempeñamos, con presupuestos públicos para saneamiento y fondos privados para recortar la contaminación industrial, debatidos en el Protocolo de Kyoto; y (4) la renovación de los recursos que utilizamos, frente a las crecientes demandas de alimentación (FAO) y energía (OIE). Ante una matanza registrada en 1988, atiné a escribir que "No hay nada más político que la vida", en alusión a la acepción más rigurosa de lo político, entendido como la cosa pública, el conjunto de asuntos más importante que afecta y condiciona la vida de una comunidad. La Salud y el Agua forman parte de la agenda prioritaria de ONU, definida en la Cumbre del Milenio, y por el Banco Interamericano de Desarrollo, en su cumbre de Fortaleza, Brasil, que terminó en marzo de 2002. Por eso, una década y media más tarde, podría parafrasear que "No hay nada más económico que la vida". Algunos debates políticos, económicos y sociales de los últimos veinte años, sobre el contexto del desarrollo de nuestra vida futura, demuestran errores de planteamiento o de predicción de gurúes sensatos o de analistas que se prendían a las modas intelectuales de turno. Sirva esta breve síntesis para advertirnos de caer en semejantes pretensiones de profecías:
La dimension global En los veinte años mencionados, el concepto de la Organización Mundial de la Salud evolucionó de un objetivo de mera cura de las enfermedades hacia la actitud profiláctica de conservación de la calidad de vida, incluyendo en ese complejo a la alimentación, la educación, la vivienda y el medio ambiente, entre otras claves ambiciosas para garantizar una vida decorosa y sustentable. La salud básica para toda la Humanidad en 2015 fue la meta idealista postulada por ONU en la Cumbre del Milenio de 1999 pero, desde entonces, 93 países se han retrasado en lugar de avanzar: Dos mil millones de personas aún carecen de medicamentos de bajo costo como la penicilina. 330.000 millones de dólares serían necesarios para enfrentar infecciones, que pueden ser prevenidas por monedas, y que matan a 11 millones de niños cada año, según la Consulta Mundial sobre la Salud y el Desarrollo de la Infancia y de la Adolescencia en Estocolmo, Suecia, coorganizada por el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). La directora general de la OMS, Gro Harlem Brundtlan, consideró "aterradora" la cifra y atribuyó los decesos "a la pobreza", pues los especialistas saben curar buena parte de las enfermedades de los pueblos más pobres, pero aunque la mayoría de los tratamientos cuestan menos de un dólar no tienen siquiera esos recursos. Prueba es que 50% de los niños de un año en Africa no están inmunizados contra la difteria, la tos ferina, el tétano, la polio y el sarampión, agrega la Alianza Global por las Vacunas y la Inmunización (GAVI). Las principales causas de mortalidad en los Estados Unidos, a fines delsiglo XX, eran en orden: enfermedades del corazón, cáncer, ruptura de vena cerebral, problemas pulmonares, accidentes, neumonía e influenza, diabetes, SIDA, suicidio y problemas crónicos glandulares. Sin embargo, cien años antes, el ránking de causas de mortalidad en Estados Unidos era encabezado por: neumonía e influenza, tuberculosis, diarrea y enteritis, problemas de corazón, hemorragia cerebral, problemas pulmonares, accidentes, cáncer, senilidad y difteria, según el National Center for Health Statistics, citado por la revista TIME. Las principales causas de mortalidad anual de los países en desarrollo fueron las enfermedades del corazón (3,82 millones), infecciones respiratorias (3,35 millones), embolias (3,24 millones), SIDA (2,90 millones), condiciones natales (2,34 millones), enfermedades pulmonares (2,10 millones), diarreas (2,09 millones), tuberculosis (1,58 millones) y malaria (1,08 millones), según la Organización Mundial de la Salud, con cifras cerradas al 1 de enero de 2001. La dimensión global de las enfermedades en un mundo interconectado se amplía con la multiplicación de los viajes transfronterizos por turismo e intercambio comercial de bienes, gracias al abaratamiento y mayor velocidad del transporte. Me temo que, al igual que en todos los choques con la realidad que se han dado los líderes mundiales y sus asesores, que enumeramos más arriba, llegamos a los cien años de la Organización Panamericana de la Salud y entramos al tercer milenio sin haber superado los fantasmas de enfermedades de la pobreza que se decían erradicadas, con un ecosistema en vías de mayor deterioro por falta de mecanismos (aceptados por EEUU y otros grandes contaminadores) para revertir ese proceso, con el desafío sanitario y fitosanitario que abre el comercio mundial (aftosa, vaca loca) a la alimentación humana, la lucha contra intereses de grandes corporaciones del tabaco, de promotores de organismos genéticamente modificados cuyo efecto no haya sido estudiado y laboratorios de investigación de medicinas o biotecnología, que quieran limitar con patentes el acceso científico a lo descubierto y su uso en beneficio de millones de terráqueos. |
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