| Artículos, ensayo... |
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Mierda |
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Usted y yo somos unos pringados. Vivimos con el desasosiego de no saber inglés, de no saber informática, de no llevar la ropa adecuada para la cena del sábado, cuando el ministro de Economía tiene todas sus empresas en quiebra y Ramallo se mete el dedo en la nariz. Y si les pides explicaciones, te apalean. Algo falla, porque hasta el más tonto se da cuenta de que alguien que no ha sido capaz de dirigir una empresa de agua mineral tampoco puede llevar las cuentas de un país, aunque insulte muy bien, son cosas distintas. Es absurdo que usted y yo tengamos tantas cautelas a la hora de desgravarnos el jarabe para la tos del niño, cuando el ecónomo del arzobispado de Valladolid, un ministro de Dios, invierte cientos de millones en materia fecal con dos cojones. He dicho cojones y ya estoy incómodo, por si me hubiera pasado, no tenemos remedio. Pues sabes qué te digo: que me importa un carajo. Ya puede llamar el redactor jefe, o el director, que no lo quito. Somos unos caguicas. El año pasado conduje dos días con el carné caducado y cada vez que cogía el coche acababa en la puerta de la comisaría, con la esperanza de que me detuvieran. A Piqué, en cambio, le rejuvenecen las imputaciones. Pero hasta aquí hemos llegado. Si Rato y Montoro no dimiten y Ramallo no deja de hurgarse la nariz, mañana empiezo a aparcar en doble fila porque me sale de los huevos (he dicho huevos, sí, y caca, culo, pedo y pis). Y que el HSBC se atreva a denegarme los 500 quilos. Mierda.
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