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Un
voto por la cordura |
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Condeno firmemente los repudiables actos terroristas que han costado miles de vidas civiles inocentes y han desatado una espiral de violencia de consecuencias imprevisibles. El terrorismo, venga de donde venga, es una conducta políticamente injustificable y moralmente inaceptable.
Expreso mi más profundo sentimiento de condolencia y solidaridad con las víctimas, sus familias y el pueblo estadounidense.
Hago un llamado a la serenidad y la cordura para evitar responder a la provocación y la insensatez con lo que podría resultar en una ofensiva revanchista que únicamente alimentaría una escalada de violencia que, sabiendo cómo y dónde empieza, nadie podría prever cómo ni cuándo terminaría.
Invoco a extremar los recursos que hagan posible el diálogo entre un sistema mundial hegemónico, que incluye y excluye selectiva y unilateralmente, y la radicalidad desesperada de las respuestas que ha engendrado.
Alerto a la comunidad internacional sobre el peligro de que las acciones de estos grupos terroristas contribuyan a desatar una lógica de guerra, buscando dirimir viejas y nuevas controversias entre naciones y justificando acciones contra grupos y sectores que no han encontrado una disposición pluralista para el reconocimiento y respeto a sus expresiones identitarias en los marcos institucionales actuales.
Hago un llamado a los medios de comunicación a evitar el alarmismo fundado en interpretaciones de fuerte filiación ideológica, que sólo acrecienta la confusión y alimenta los fantasmas de la intolerancia.
Finalmente, convoco a la sociedad civil del planeta, a los Premios Nobeles y a quienes ostentan la responsabilidad de gobernar todos los países del mundo, a no precipitar conclusiones sobre los acontecimientos de hoy y comprometernos en un gran FRENTE DE LA CORDURA, que detenga la cobarde insensatez de la violencia y evite mayores sufrimientos a la humanidad.
Ciudad de México, 11 de septiembre de 2001
Rigoberta
Menchú Tum
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