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Israel... (Escucha Israel...)
por Johnny B. Goode. |
| Así comienza la que para muchos es la más importante proclamación de fe de la religión judía. Con un llamamiento a un individuo entre muchos para que escuchara la revelación sobre la verdadera naturaleza de Dios. Es como para que se te suba a la cabeza, ¿no? Ser el pueblo escogido por Dios, por encima de todos los demás, para salvarse y dominar la Tierra, puede ser un buen estímulo para la soberbia. Fue esa soberbia, el convencimiento de que Dios estaba de su parte, lo que llevó a la destrucción del primer Israel. Desde que Nabucodonosor tomara Jerusalem en el 586 a.C. el estado judío sobrevivió siempre sometido a una u otra potencia imperial. Cada cierto tiempo aparecían una curiosa especie de redentores religioso-militares que prometían liberar a Israel del yugo extranjero y devolverle la preeminencia que Dios le había prometido. "Gobernarás sobre muchas naciones pero ellas no gobernaran sobre ti." En el 70 d.C. Tito, futuro emperador de Roma, aplastó una importante revuelta judía, tomó Jerusalem y el templo fue destruido. Sus ruinas es lo que hoy conocemos como muro de las lamentaciones. En el 73 d.C. los defensores de la fortaleza de Masadá, unos 950 entre hombres, mujeres y niños, siguiendo las instrucciones de un "mesías" llamado Eleazar, se suicidaron antes que rendirse a las tropas romanas. Y en el 132 d.C., Bar Kochva, "Hijo de una estrella" reunió una fuerza de 200.000 hombres y durante tres años luchó ferozmente contra Roma, que llegó a perder una legión entera en Judea. Akiba, el gran rabino de Jerusalem le aclamó como el Mesías. En el año 135 d.C, Bar Kochva fue atrapado y muerto. Judea quedó prácticamente vacía de judíos y en todo el Imperio se asentó un antisemitismo que ya nunca abandonaría Europa. Jerusalem fue demolida y arada por dos bueyes, y cuando más tarde fue reconstruida, lo fue con el nombre de Aelia Capitolina y el antiguo reino de Judea fue reorganizado como la provincia romana de Palestina, nombre tomado de los antiguos pobladores de la zona, los pellistim; los filisteos que derrotó David. La presencia judía quedó borrada incluso del nombre del país. Hasta 1813 años después, no existiría un estado judío en la tierra ahora conocida como Palestina. Durante esos 1813 años, la historia de los judíos en todo el mundo es una historia de desposesión; de diáspora; de marginación; de persecución; de martirio; de exterminio... Uno pensaría que cuando por fin dispusieron de un estado propio habrían extraído algunas lecciones de su propia historia para conducirse de forma más sabía que como lo están haciendo. Pero nuevamente, la soberbia de quien se sabe elegido por Dios puede dar al traste con la viabilidad del estado de Israel. En los últimos días ha sido noticia una iniciativa aprobada en la Knesset, el parlamento israelí, a propuesta del Partido Nacional Religioso, para limitar la compra de suelo público (en Israel, el 93% del suelo está en manos públicas, un vestigio de los viejos tiempos del socialismo sionista.) a los particulares judíos. Se excluiría de esta manera a las minorías arabes - cristianas, musulmanas y drusa - del acceso a un bien público de primera necesidad ( imprescindible para construir viviendas ). A algunos les puede parecer que no es nada nuevo. ¿Acaso no hemos visto a los tanques demoler las casas de los palestinos para instalar a colonos en su lugar? Sólo que sí es nuevo. Gaza y Cisjordania son territorios ocupados. No son parte de Israel y sus leyes no se aplican allí. En cambio, esta nueva ley se aplicaría en el estado de Israel y afectaría a un millón de personas que son ciudadanos de Israel. Es una discriminación en toda regla. Un nuevo apartheid. Es exactamente lo que hicieron los reinos europeos con los judíos durante la Edad Media, prohibiéndoles la compra de tierra y el ejercicio de ciertas profesiones. Lo sorprendente es que, tal y como están las cosas, una ley semejante no se hubiera aprobado antes. ¡Oh, sí! El Meretz y el Partido Laborista se han opuesto. Están en su papel. Y los segundos seguramente pagaran con su expulsión del Gobierno de Unidad Nacional el mantenerse fieles a una concepción laica del estado que cada día está más en entredicho. Que el diputado que presentó la iniciativa, Haim Druckman, sea un rabino, debería ser prueba más que suficiente de ello. De todos es sabido que los fundadores del movimiento sionista y del estado de Israel (Ben Gurion, Golda Meir, Moshe Dayan...) era gente más bien atea, socialistas los más, y cuyo propósito principal era construir un "hogar nacional judío" donde los judíos de todo el mundo tuvieran un refugio al que acudir la próxima vez que las cosas se pusieran feas. Aquí viene el problema. Defíneme "judío". Es difícil hacerlo sin referirse a la religión, ¿verdad? Pues aquí tenemos la paradoja de unos personajes en su mayoría ateos o agnósticos fundando un estado sobre bases religiosas. Y es que en aquella época, el judío del "shetl" polaco; el judío de Crimea perseguido por los cosacos; el judío educado y culto de Viena o Berlín; el judío emigrante en Nueva York; o el judío sefardí en Marruecos o Irak, no tenían en común más que la marginación por el hecho de ser judíos (significara lo que significara eso para ellos) y una promesa, repetida año tras año durante la celebración de Pessah, la Pascua: "El año que viene, en Jerusalem." Y es que pese a los desvaríos racistas de Hitler, no es posible hablar de una raza judía. Y por supuesto, tras más de 1800 años de diáspora, hubiera sido un auténtico milagro que existiese una cultura judía. Había una lengua judía: el hebreo del Talmud. Pero este era un mero reducto de los rabinos. Una lengua muerta hacía siglos que sólo se conservaba con fines rituales, como el latín en el catolicismo pre-Concilio Vaticano II. Los primeros sionistas afincados en Palestina la recuperarían como lengua franca entre judíos de tan diversa procedencia y se convertiría en el idioma oficial del nuevo estado de Israel. Pero era categóricamente imposible que fuera un criterio para determinar quien era judío y quien no, y por tanto, quien tenía derecho a la ciudadanía. (Este problema de definición de un concepto tan abstracto como es la "nación" no es exclusivo de los israelíes. También otros países lo padecen y sus intentos de dar con una definición razonable son tan patéticos como en el caso que nos ocupa; pero lo solucionan más o menos recurriendo al principio de Ius Solis, derecho de suelo, según el cual, es ciudadano de un país todo aquel nacido en ese territorio. Claro está, ello no servía para un país por nacer cuya población estaba repartida por todo el mundo.) Así que no les quedó más remedio que recurrir a lo que dice el Talmud para saber quien es judío. Y lo que este dice es que es judío todo aquel nacido de madre judía o que se convierta al judaísmo según la Halakha y ante un tribunal religioso Ortodoxo. Y aquí tenemos el núcleo de la paradoja. ¿Es posible fundar un estado democrático y socialista sobre el principio de la discriminación religiosa? Definitivamente, no. Aún reconociendo que, en sus formas, es Israel un estado democrático, (el único con elecciones libres en la zona, de hecho). Aún reconociendo que otorgaron la ciudadanía israelí a los palestinos que quedaron en su territorio tras la guerra de independencia de 1948. Aún reconociendo que la mitad de los israelíes ha nacido ya en Israel, y que en su mayoría son tan laicos como podamos serlo tú o yo. Aún con todo eso..., no podemos olvidar que la democracia no puede existir donde exista la discriminación por motivos de sexo, raza, lengua o religión. Es más, es el miedo a la perdida del carácter judío de Israel lo que está detrás a la negativa al retorno de los refugiados. (Aunque este es un tema mucho más complicado y las culpas caen más del lado árabe que del israelí.) Y antes de que se os ocurra lanzaros a las calles con eslóganes como "Israel Racista" o "Sionismo = Nazismo", pensadlo bien y preguntáos si no ocurre lo mismo a vuestro alrededor. ¿Sabíais que Alemania también se rige por el Ius Saguini, el derecho de sangre, y qué según sus leyes es más alemán un ruso tataranieto de alemanes que alguien nacido en Alemania de padres o abuelos turcos? ¿Sabíais que Letonia niega plenos derechos de ciudadanía al 38% de su población por ser rusófona? ¿Sabíais que en muchos estados europeos, las leyes todavía priman a determinadas iglesias y confesiones? ¿Qué sino se encuentra detrás de Le Pen, Bossi, Hayder y el actual endurecimiento de la legislación anti-inmigración mas que el miedo a la perdida de la identidad? No somos mejores en ese aspecto. Sin embargo, y puesto que el estado de Israel existe (y se ha ganado a pulso su existencia. Contra la enemistad de todos sus vecinos y contra la dejación de responsabilidades de la comunidad internacional - algún día hablaremos del papel de la ONU en el estallido de la Guerra de los Seis Días -.) y dada su mayor sensibilidad sobre el tema de los derechos humanos ( sensibilidad absolutamente ausente en el resto de la zona) es posible, y debería ser de la máxima prioridad para la U.E., reforzar las corrientes laicas y seculares de la sociedad israelí para empezar a preparar el terreno a una posible reforma del estado. Dicha reforma debería consistir en el abandono del carácter "judío" del estado y la abolición de toda ley discriminatoria, empezando por la ley de tierras de la que hablábamos al principio; la promulgación de una Constitución que cerrara el paso a toda pretensión de los grupos ultrarreligiosos de dictar desde las sinagogas el orden civil; y la fijación de unas fronteras definitivas del estado (sea de forma negociada con la ANP o de forma unilateral, retirándose a la línea verde, como pretende Benjamin Ben Eliezer). ¿Y qué alicientes podría aportar la Unión Europea? Pues la admisión de Israel como estado miembro de la Unión... junto con un estado palestino. ¿Imposible? A la luz de la experiencia histórica, en absoluto. La perspectiva de ingreso en la Unión Europea fue un factor determinante para la evolución democrática de España, Portugal y Grecia. Lo está siendo para los países de la Europa del Este. Lo está siendo para Turquía, que estos días está viviendo una crisis de gobierno a causa precisamente de las reformas para el ingreso en la Unión. Y el ingreso conjunto de israelíes y palestinos sería la mejor garantía de estabilidad de fronteras y paz duradera que se pueda imaginar. Al fin y al cabo, Alemania y Francia no han estado en guerra en los últimos 58 años, y todo gracias a la Unión Europea. Además, de acuerdo con las normas Schengen, los ciudadanos de un país miembro pueden circular y residir libremente en otro país miembro, lo que podría aportar una solución definitiva al problema de los refugiados, los cuales podrían y deberían ser invitados a instalarse en países de la Unión antes que volver a un país que ya no existe y que la mayoría de ellos no ha conocido jamás. Finalmente, la pertenencia a la Unión proporcionaría a Israel la confianza y la seguridad de la que ha carecido desde su nacimiento frente a sus vecinos árabes, lo que rebajaría considerablemente la paranoia que preside la política israelí, siempre bajo la constante amenaza de exterminio. ¿Qué me dicen? ¿Que es difícil? Quizá. Pero no imposible. Escucha Israel...
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