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SA (3)
por Xavi Garriga |
| Se acabó. Finalmente el semestre de presidencia española de la comunidad europea terminó y ya podemos hacer un ligero balance de lo que han sido estos seis meses de mandato del señor Aznar López. Empezando por el final, llama la atención que fuera precisamente la cumbre de clausura de la presidencia española la que le saliera peor al gobierno. Las propuestas de Aznar de penalizar a los países que no controlaran sus flujos migratorios de salida fueron descartadas por el resto de socios europeos y una vez más la ampliación de la unión europea quedó suspendida hasta nueva orden. Esto por lo que respecta a la salida, y en cuanto a la entrada y el semestre en sí, lo más destacable ha sido la ausencia total de agenda fuera de lo directamente relacionado con la lucha contra el terrorismo, ya sea casero o internacional. El ministro de exteriores español, actuando como jefe de la diplomacia europea, sólo ha conseguido aumentar (cosa realmente difícil) la tensión en oriente medio, seguir manteniendo malas relaciones con Cuba y Marruecos y ampliar el número de países damnificados con Venezuela e Irán. Una vez más, han seguido la máxima de ser orgullosos con el débil y sumisos con el poderoso. Claramente el gobierno se ha aliado con las posturas más pronorteamericanas y se ha vuelto a pasar por la derecha a Berlusconi (está cada día más claro que el verdadero modelo a seguir para Aznar y sus muchachos es Margaret Thatcher). Por otra parte, escribo esta columna a pocos días de la huelga general del 20 de junio y creo que estoy casi obligado a comentar el tema de lo sucedido el pasado jueves. La primera impresión que uno tiene al leer o escuchar las cifras de participación de las diversas fuentes oficiales y no oficiales es la completa estupefacción. La cifra media de participación que ofrece el gobierno es del 15% de seguimiento de la huelga, mientras que la de los sindicatos ronda el 85%. La primera tentación que le sobreviene a uno es la de hacer la media de los dos valores y obtener un 50% de participación. De haber sido así, serían los sindicatos los que podrían estar contentos ya que en una huelga de estas características, a partir de un treinta y cinco por ciento de participación, la botella empieza a estar más que medio llena para los organizadores. Sin embargo, una vez superada la primera tentación de recurrir al cálculo sencillo la siguiente posibilidad que se nos ofrece es la de recurrir a la prensa extranjera, observadores menos apasionados de la realidad política española y tal vez más ecuánimes. El repaso a la prensa europea es clarificador, ya que los periódicos más importantes del continente y de Estados Unidos hablan de la huelga en mayúsculas y como una protesta generalizada contra el gobierno del señor Aznar López. Incluso algunos periódicos nada sospechosos de izquierdismo como el Wall Street Journal o el Financial Times abren sus secciones dedicadas a internacional hablando de seguimiento masivo de la huelga, paro total y lindezas parecidas. En cualquier caso la noticia no está en el seguimiento o no de la huelga sino en el hecho de tener que recurrir a la mencionada prensa extranjera o a observadores imparciales, como si de un conflicto bélico se tratara o hubiésemos retrocedido treinta años en el tiempo. Es tal el descrédito que ha alcanzado la televisión pública de este país, manipulada por el actual gobierno hasta niveles desconocidos que directamente ha dejado de ser una fuente mínimamente fiable. La gravedad del asunto nos obliga a detenernos unas líneas más a tratarlo con algo de detenimiento. Hoy en día, ni siquiera en la Italia de Berlusconi la imagen de la televisión pública es tan deplorable como en España. A esto ha contribuido en gran manera el nombramiento como ministro portavoz del anterior director general de radio televisión, que designó al nuevo director y sigue teniendo las riendas de lo que se emite en el ente público. En definitiva, después de seis meses de vacaciones europeas, el jefe ha vuelto y más vale que nos preparemos, porque está enfadado. Muy enfadado.
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